‘Fórmulas mágicas’ para la escucha activa

¿Cuántos conocemos a alguna persona a la que evitamos sólo por no mantener una charla con ella? Seguramente la respuesta de la mayoría sea una afirmación sin pensarlo, porque tener buenas conversaciones y saber escuchar correctamente no es tan fácil como parece

Las fórmulas mágicas para la escucha activa
En referencia a nuestro campo, es fundamental que una agencia de comunicación conozca y aplique la escucha activa si desea tener buenas relaciones con sus grupos de interés y en consecuencia, resultados favorables. Estar en contacto permanente con periodistas y clientes requiere escuchar y atender sus propuestas de la mejor manera posible, por lo que esto es una pieza clave del día a día que siempre suma y nunca resta.

A pesar de que vivimos en la era de la comunicación, con más medios y posibilidades para conectarnos que nunca, lo cierto es que cada vez estamos menos comunicados, debido principalmente a la sobreexposición a los dispositivos electrónicos. El tradicional cara a cara ha ido perdiendo valor a favor de la comunicación online. Esto desencadena numerosos problemas, ya que se pierde el contacto visual, la interacción personal, y lo que es más importante, la comunicación no verbal. En este aspecto, cabe destacar que según el investigador Albert Mehrabian, más del 65% de la información que recibimos en un diálogo es comunicación no verbal y tan sólo el 7% es verbal, datos bastante llamativos.

Desde esta situación parte Celeste Headlee, escritora y entrevistadora de radio, en un vídeo de TED TALKS, la conocida plataforma en la que ponentes de todo el mundo lanzan sus discursos sobre cualquier tema imaginable. En el vídeo la conferenciante ofrece desde su experiencia 10 “fórmulas mágicas” y altamente efectivas para que no se pierda el encanto de las buenas conversaciones, así como la capacidad de sorprendernos y aprender de los demás a través de la escucha activa.

La premisa sobre la que se asienta todo coloquio es que debe existir un equilibrio entre hablar y escuchar. Aunque esto pueda resultar lógico, el error más habitual es querer conversar primero y por lo tanto, concentrarnos únicamente en la idea que deseamos transmitir en lugar de prestar atención a lo que nos están contando. A partir de esta base, profundizamos sobre las ideas que propone la ponente:

  1. La primera recomendación se basa en el famoso concepto “mindfulness” o atención plena. Es decir, estar en el presente, en el famoso “aquí y ahora” y con los 5 sentidos. Este consejo es importante en la actualidad, debido a que cada vez somos más propensos a ser multitarea y en lugar de concentrarnos en una sola cosa, forzamos la mente a dividir la atención en varias, con la consecuencia de no obtener siempre los resultados que querríamos.
  2. Iniciar la conversación con la predisposición de conocer a la persona que está hablando. Resulta mucho más fácil escuchar y aprender cuando no se cierran puertas y se es flexible hacia otras ideas, puntos de vista u opiniones. Bill Nye apoyaba esta teoría: “Cada persona que llegues a conocer, sabrá algo que tú no conoces”.
  3. Usar preguntas abiertas para favorecer respuestas más complejas, que hagan pensar al interlocutor y de las que se puedan obtener historias interesantes. Nuestro objetivo es alejarnos de las contestaciones con monosílabos que provengan de las cuestiones simples.
  4. Tratar de no evadirse mientras la otra persona está hablando. Es muy común perder el hilo al estar pensando en nuestra siguiente contestación, historia o momento que deseamos transmitir al interlocutor. Esto puede acarrear diversos errores ya que la información no llega como debería y por lo tanto, volvemos a preguntar algo que ya nos han transmitido, provocando que la otra persona se sienta ignorada u ofendida.
  5. Ser honestos. Si no se sabe algo es mejor ir con la verdad por delante que parecer pretencioso. En cada conversación y con cada persona se puede aprender algo nuevo.
  6. Cada ser humano es único y por tanto, sus experiencias y sus historias también. Como decía Ortega y Gasset: “yo soy yo y mis circunstancias”. Aunque es muy fácil y recurrente compararse con los demás, las comparaciones a veces son odiosas, por lo que es importante tener en cuenta este consejo, y respetarlo en la medida de lo posible. Todos queremos ser escuchados y esto es más sencillo cuando sentimos que lo que estamos relatando es una vivencia personal y no un calco de lo que ha experimentado.
  7. La repetición no es aconsejable y hay que tratar de evitarla siempre que se pueda, si no queremos aburrir a la persona que tenemos enfrente.
  8. No abusar de los detalles. A veces, al narrar una historia nos desviamos del asunto aportando multitud de fechas, nombres, o incluso datos que poco tienen que ver con la historia en sí, y que al final lo que consiguen es distraer al interlocutor y dificultar notablemente su comprensión.
  9. Escuchar, escuchar y escuchar, de forma activa. De manera que se asimilen los conceptos y no queden en el olvido. No se trata de memorizar todo, ni mucho menos, pero sí de que lo que nos hayan relatado haya tenido algún efecto, impresión o sorpresa en nosotros.
  10. Hacer de una conversación algo breve pero memorable. La brevedad, siempre que sea efectiva, es una de las reglas de oro de las buenas tertulias. Como en muchos otros ámbitos, más vale calidad que cantidad. Una de las formas de medir si un diálogo ha sido efectivo, es ver el grado de recuerdo, y este tiene más probabilidades de ser mayor si ha sido breve pero eficaz en su propósito. Como dice la ponente: “Una buena charla es como una minifalda; corta como para captar interés, pero lo suficientemente larga para cubrir el tema”.

En definitiva, escuchar es un poder que siempre nos va a reportar multitud de beneficios: refuerza y crea vínculos, nos permite conocer a los demás y aprender de ellos, ganar oportunidades, conectar y lo que es más importante, mantiene viva la ilusión y la capacidad de sorprendernos, haciendo de cada conversación algo único.

Ana Serrano
FA comunicación