Rumores empresariales: un elemento a tener en cuenta

Los rumores empresariales son algo común. No podemos olvidarlos y debemos tratarlos como un componente más en la comunicación interna debido a que pueden tener el poder de deteriorar la imagen de una organización

Rumores empresariales: un elemento a tener en cuenta

Existen dos tipos de rumores empresariales, los que perjudican a la marca por su connotación negativa, y los que la benefician de una manera u otra. En este post vamos a centrarnos en los rumores que pueden resultar nocivos.

Según la definición que nos ofrece el diccionario, la palabra rumor significa voz que corre entre el público. Tal concepto está muy presente en nuestras vidas y debemos prestarle una atención acorde a su importancia. En el ámbito laboral tiene una presencia frecuente y podríamos definirlo como una información sin confirmar por parte de los directivos. Y puede darse el caso de que acabe dañando a la empresa.

El rumor es una forma, aunque más peligrosa e impredecible, de comunicación interna y como tal debe ser correctamente gestionada. La comunicación interna se puede explicar sencillamente como la comunicación que se da dentro de la organización tanto en sentido ascendente (desde los empleados hacia los directivos) como descendente (desde los directivos hacia los empleados), además de horizontal (entre empleados con la misma jerarquía). El problema de este tipo de comunicación viene cuando no tiene una base de rigor y surge fruto de las relaciones sociales entre sus componentes, lo que llamaríamos comunicación interna informal.

Las razones por las que pueden aparecer los rumores empresariales pueden ser muy diversas y dependerán del estado de ánimo y confianza en el que se encuentre la organización. Suelen surgir a causa de la falta de información que puedan tener sus empleados sobre la empresa a la que pertenecen, especialmente cuando se encuentra en una época de cambios. Aspectos a destacar en la expansión del rumor son la velocidad y el ruido o distorsión que se genera en torno a ellos por el boca a boca. Esto puede ocasionar importantes efectos como incrementar la desconfianza y desmotivación en los empleados, disminuir el rendimiento de la productividad de la empresa o dañar su imagen tanto interna en principio como externa posteriormente.

Como los rumores empresariales suelen surgir para suplir una carencia de información sobre un determinado aspecto de la empresa y, como siempre es mejor prevenir que curar, es básico tener un plan de comunicación que fomente la transparencia a través de herramientas como la intranet, el manual corporativo, las reuniones con los directivos, el buzón de sugerencias o el tablón de anuncios, entre otras.

Por otra parte, una vez que ha aparecido el rumor lo más efectivo es actuar contra él poniéndose la directiva en contacto inmediato con su plantilla para aclarar dudas, probando con datos si fuera necesario que la rumorología levantada en torno a un tema es falsa. Es preciso actuar con urgencia y, en cuanto se hallen indicios de que corren informaciones potencialmente dañinas no originadas desde la propia dirección, crear una respuesta inmediata para mitigarlo y desmentirlo.

Además de la rapidez, es sustancial seleccionar a través de qué personalidades específicas se podrán frenar de manera más eficaz los rumores empresariales. Hay que asegurarse de que sean eliminados al completo y no queden restos de ellos, por lo que se debe ir directamente al foco para romper la cadena.

Es curioso cómo los rumores son algo intrínseco al ser humano por su condición de social y, ya en la Antigua Grecia, se tenía consciencia de su carácter perjudicial. El filósofo Sócrates utilizaba su propio método ‘anti-rumor’ que contenía tres filtros. Un conocido se le acercó en una ocasión para contarle el último rumor que circulaba por la ciudad:

– Conocido: Voy a contarte la última noticia que se comenta en Atenas sobre nuestro amigo X.

– Sócrates: Antes de contármela, dime primero, ¿lo averiguaste tú mismo o sólo te lo han contado?

– Conocido: Me lo han contado, pero lo dan por cierto.

(FILTRO DE LA VERDAD)

– Sócrates: O sea, ¿no puedes estar totalmente seguro porque no lo has podido averiguar tú mismo? Sólo piensas que es cierto, ¿exacto?

– Conocido: Efectivamente, así es.

(FILTRO DE LA BONDAD)

– Sócrates: Y dime, ¿la transmisión de esta noticia va a beneficiar a nuestro amigo?

– Conocido: No exactamente. De hecho, podría perjudicarle.

(FILTRO DE LA UTILIDAD)

– Sócrates: Otra cosa para terminar: ¿Escucharlo me resultará provechoso en algo?, ¿me aportará algo de lo que carezco ahora?

– Conocido: La verdad es que no. No es más que una noticia.

– Sócrates: Sí. Y, por lo que entiendo, es una noticia que ni puedes certificarla, ni va a beneficiar a nuestro amigo, ni me va a proporcionar algo útil. No me comentes esa noticia y permíteme que te recomiende que tú mismo la olvides.

Como principal conclusión, podríamos decir que aunque en ocasiones los rumores empresariales pueden ayudar a los directivos a saber qué preocupaciones o inquietudes tienen sus empleados, pueden tener la capacidad de damnificar seriamente a la organización por lo que son en un elemento a tener en cuenta.

Ana Serrano
FA comunicación