Una buena ponencia

El recurso de la exposición es básico en la comunicación pero convertirse en un buen ponente que consigue su objetivo de transmitir el mensaje requiere de esfuerzo

Una buena ponencia

La meta de un buen ponente es que el mensaje que ha querido transmitir en su exposición haya ‘calado’ en la audiencia. Alcanzar este propósito requiere un gran esfuerzo y existe un amplio abanico de consejos para conseguirlo. Nosotros te mostramos varias claves básicas:

  • Conocer la audiencia a la que nos dirigiremos. Esto es vital porque dependiendo del tipo de público que recibirá nuestro mensaje deberemos adecuar el estilo del mismo, aunque siempre respetando su contenido. Dicho de otro modo, hay muchas maneras de transmitirlo pero no tantas de lograr que ese mensaje sea asimilado por un público concreto.
  • Llevar una vestimenta con la que nos sintamos cómodos contagiará seguridad en nuestro mensaje y, a su vez, a los demás. Sin embargo, no podemos olvidar que también la ropa tiene que ser adecuada a la ocasión y al tipo de ponencia, respetando así el llamado dress code.
  • Conseguir que a través de la introducción los espectadores queden enganchados a escuchar. Empezar comentando algo que vaya más allá de la temática en la que nos sumergiremos, con un toque más personal, transmitirá que estamos implicados.
  • Marcar nuestro propio ritmo en el discurso, usando una entonación media y enfatizando en los momentos importantes. Para no aburrir, utilizar el humor o llevar puesta una sonrisa puede ayudarte a no ‘perder followers’ durante la ponencia, aunque siempre en su justa medida.

Cuando se pretenda hacer una conferencia divertida se debe tener cuidado de no sobrepasar límites puesto que puede provocarse distracción entre los espectadores, causando que presten más atención a la forma que al contenido del mensaje. Veamos un par de ejemplos:

Aquí tenemos a Steve Ballmer, cuando era el director ejecutivo de Microsoft, volviéndose prácticamente loco al entrar en la sala de exposiciones:

O esta otra presentación en la que los ponentes decidieron disfrazarse de sus superhéroes favoritos:

Como contrapunto a esto, no podemos olvidar al fundador de Apple que en su carrera por llevar a ‘la empresa de la manzana mordida’ a lo más alto nos dejó exposiciones difíciles de olvidar. Una de las claves de las ponencias de Steve Jobs estaba en crear un momento cumbre en medio de su discurso, tal y como hizo en esta ocasión:

 

  • Remarcar en diapositivas sólo los conceptos destacados para que lleguen al público a simple vista. No es nada recomendable sobrecargar de información los slides o las diapositivas ni añadir datos que no vayan a ser mencionados. Con introducir las palabras base estaremos cumpliendo su objetivo.
  • Captar la atención en la fase final de la exposición. El desenlace es otro momento, al igual que el inicio, en el que prácticamente el 100% de la sala vuelve a incorporarse para escuchar al ponente. Se debe condensar el mensaje y dejar patente cuál era la intención de la presentación.
  • Dejar un espacio para una ronda de preguntas. Tenemos que estar preparados para responder a todo lo que se nos cuestione, así que es muy útil pensar qué dudas pueden surgir y elaborar un listado de posibles respuestas.
  • Agradecer a la audiencia su atención y su paciencia. Se trata de una norma básica de educación y además, podemos aprovechar para facilitar nuestros datos de contacto por si alguien estuviese interesado en recibir más información.

Por último, decir que conviene buscar la sencillez en nuestra presentación. Es decir, si queremos dar a conocer un nuevo servicio que ofrecemos en nuestra agencia y hacemos una presentación que incluya demasiados datos sobre la empresa estaremos sobrecargando de información a la audiencia. Con tal estrategia sólo conseguiremos despistar a los potenciales clientes de ese nuevo servicio o producto, a quienes pretendemos vender nuestra novedad y no nuestra historia.

A través de esta ley de economía queremos destacar que lo verdaderamente primordial es que el mensaje llegue al público, y que es más fácil que así sea si nuestra comunicación cumple la medida de no abrumar a la audiencia. Dicho coloquialmente, se trata simplemente de eliminar lo que llamaríamos ‘paja’ en la exposición. Una idea que, como nombramos antes, también debería ser empleada en las diapositivas.

Concluyendo, no hay más truco para que una presentación salga bien que ensayar lo máximo posible. Es muy difícil que desde la primera ponencia uno mismo sienta que ha nacido para ello. Practicar y prepararse para llegar a ser un buen ponente conlleva mucho trabajo e inexorablemente numerosas ocasiones en las que no todo ha salido como esperábamos, así que ¡ánimo!

Alejandro Galindo
FA comunicación